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Discurso toma de posesión CNP 2021 -Guillermo Antonio Adames

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Discurso toma de posesión CNP 2021 -Guillermo Antonio Adames

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La pandemia ha alterado el pulso del quinquenio. Lo ha hecho más convulso. Las secuelas que dejará cuando salgamos de la misma, nos van a acompañar por mucho tiempo.

El último año fue el más insólito y desgarrador de la historia reciente. Un año aciago, difícil, donde el periodismo ha jugado su misión de fiscalizar escrupulosamente los poderes del Estado.

En esta tragedia sanitaria y económica que nos sacude a todos, la corrupción es la queja mas transversal que gravita sobre los panameños
de todas las capas sociales, porque está lesionando el frágil tejido social.

La corrupción se ha convertido en otra peligrosa pandemia, producto de las conductas antiéticas de algunos políticos, provocando una riada de
críticas y desconfianza en las élites partidistas tradicionales.

En medio de la asfixia económica que afecta a miles de panameños, se  destapan escándalos un día sí y el otro también, lastimando nuestros
magros recursos económicos, en abierto desafío a la psiquiatría política.

Hay pruebas de la dilapidación y corrupción donde el dolo está muy claro, que han sido denunciados decididamente por los medios de
comunicación desde las administraciones pasadas, hasta la presente.

Por décadas no se ha perseguido ni castigado el delito patrimonial, que parece un fenómeno duradero producto del déficit de justicia severo en
los casos de alto perfil. Esperamos se marque una raya con el pasado inmediato.

El periodismo ha denunciado con inusitada lucidez, por décadas, que los corruptos e incompetentes que se han incrustado en los gobiernos en altos cargos, deben ser investigados y sancionados con inhabilitación.

Es obligatorio exorcizar el fantasma de la corrupción que recorre el país. Se requiere un toque de audacia para superar el estado deplorable de la
gobernanza y la política que, por falta de rendición de cuentas, ha desgastado nuestra joven y endeble democracia.

La mayoría de los escándalos ocurridos en este país se han conocido gracias a los medios de comunicación. Eso irrita al poder, porque en el
periodismo no deben existir mentiras piadosas, ni verdades a medias.

El periodismo es la conciencia crítica de nuestra sociedad. Es una garantía inalienable de la libertad de pensamiento y de expresión. Su
misión ineludible es la de fiscalizar el poder, firme y vigorosamente.

La libertad de expresión y de los periodistas para realizar su misión, es una de las máximas garantías de un sistema democrático. Ejercerlo sin
collar, bozal ni ataduras es una obligación, pero también un desafío.

El reto de esta administración es no interferir en el libre ejercicio del periodismo ni la independencia de los medios. Sin embargo, podemos
entrar a una zona inédita y peligrosa con la amenaza e intimidación a los periodistas.

En otros países de la región, las amenazas a periodistas son obra del narco, el crimen organizado y de políticos corruptos que se ven
amenazados ante la denuncia de sus fechorías.

El reciente caso de intimidación a la periodista Flor Mizrachi, ha sonado las alarmas, pues marca un precedente desafortunado y peligroso que
fija un parteaguas, en un estéril intento de acallar a los medios.

Proponemos la implementación de un mecanismo de protección robusto que establezca protocolos eficientes y seguros para prevenir y proteger a los colegas, en caso de situaciones en que sus vidas estén en riesgo.

El periodismo libre e independiente no necesita del poder para existir. Nuestra obligación es servir a los gobernados, no a los gobernantes. Para ello, se debe practicar el periodismo de precisión, profesional y ético.

Intimidar y asesinar periodistas, es una práctica de los regímenes totalitarios y semidemocráticos de Latinoamérica. Por tanto, es un
imperativo categórico evitar que Panamá entre a esa ignominiosa lista.

En las naciones donde han ocurrido y se dan estos hechos, comenzaron con amenazas, agresiones verbales y campañas para desprestigiar a los
periodistas, que degeneraron en desapariciones y brutales asesinatos.

El derecho a saber es vital para las libertades ciudadanas. Por eso hay un periodismo que no aplaude. Que critica y combate el feudalismo de
ciertos políticos, vulnerados por la incompetencia y la corrupción.

Los que presuntamente han convertido la pandemia en un lucrativo negocio, deben rendir cuentas por no distinguir entre lo público y lo
privado.

Asaltar al erario nos afecta a todos, y el desarrollo del país. Es robarle a todos los panameños la posibilidad de recibir mejor educación, tener una salud satisfactoria, viviendas dignas y acceso a mejores servicios públicos.

Ejercer la libertad de información antes que un derecho, es un deber. Y en ese terreno, los medios panameños hemos visto más tormentas y
ganado más batallas. Y de ser necesario, esta, no será la excepción.